Gernika, la euskal etxea de Berlín que nació de un simposio
03 · 2 min de lecturaLa euskal etxea de Berlín no la fundó una colonia de emigrantes en busca de un lugar donde reunirse. Nació del recuerdo del bombardeo de Gernika, cuyo nombre lleva, y fue la primera de Alemania reconocida por el Gobierno Vasco.
En 1997, al cumplirse sesenta años del bombardeo, Constanze Lindemann organizó en Berlín un simposio sobre aquel ataque. Según contaban dos de sus socios en 2016, al simposio se invitó a supervivientes del bombardeo y se consiguió una carta del presidente alemán pidiendo perdón.6 Para la propia asociación, aquel simposio fue el paso decisivo para crear la euskal etxea: con el apoyo de Wolfgang Wippermann, Fritz Teppich, Helios Mendiburu, que fue su primer presidente, y Hans-Joachim Wilke nació la Gernika Deutsch-Baskischer Kulturverein, la Asociación Cultural Vasco-Alemana Gernika.4
La fecha de su fundación cambia según quién la cuente. La asociación la sitúa en abril de 1998; la memoria de la Dirección de Relaciones con las Colectividades Vascas la da como fundada en 1998, y euskalkultura.eus, en 1997, el año del simposio.423 Sus objetivos son recordar el bombardeo, fomentar la amistad entre vascos y alemanes y difundir la lengua, la cultura y la historia vascas en la capital alemana.34
El 9 de diciembre de 2009 el Consejo de Gobierno la reconoció oficialmente como euskal etxea, la primera de Alemania. Ese mismo día se reconocieron otras cinco, entre ellas la primera de Japón, en Tokio.5 En 2014 Eusko Ikaskuntza le dio el premio ENE, que distingue la labor a favor del euskera fuera de Euskal Herria, por su aportación renovadora y creativa.3
La casa no tiene sede: se reúne en locales alquilados y organiza sus actividades por toda la ciudad.4 Da clases de euskera y organiza un festival de cine vasco, conciertos, encuentros con escritores, la Korrika y actos de memoria histórica.34 Uno de esos actos recuerda que el lehendakari José Antonio Aguirre estuvo escondido en Berlín en 1941, con identidad falsa, mientras esperaba un pasaporte de tránsito sueco. Dos socios de la casa lo contaban así en 2016: su aportación al debate sobre los refugiados era enseñar que los vascos también estuvieron en el exilio y que el propio lehendakari estuvo escondido allí.6