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Historia

Historia de la diáspora vasca

Qué es la diáspora vasca

01 · 3 min de lectura

Desde hace siglos salen vascos de su tierra para instalarse en cualquier punto del planeta, y se llevan consigo la identidad y la cultura de origen, que pasan a los hijos y a los nietos generación tras generación. A ese conjunto de personas, los que se fueron y los que descienden de ellos, se le llama diáspora vasca.

La palabra viene del griego y significa, en la acepción que recoge la Auñamendi, «la propagación o la siembra».28 Siembra dice más que dispersión, porque lo que se esparce, en algunos sitios, arraiga.

Esa diáspora tiene dos contornos. El más nítido es el de las instituciones: los centros vascos reconocidos, entidades sin ánimo de lucro nacidas fuera del País Vasco para mantener lazos culturales, sociales y económicos con la tierra de origen. El otro es más amplio y más difuso, y lo forman todas las personas de ascendencia vasca que, sin ser socias de ningún centro, conservan en la familia o en la cultura la memoria de ese origen.

Popularmente se la llama la octava provincia. El nombre amplía el viejo lema zazpiak bat, «los siete son uno», con el que se unía a las siete provincias, y al sumarles una octava reconoce que el País Vasco, en cierto modo, también existe fuera de sus fronteras.

Cuántos vascos viven fuera: la cifra oficial y otras estimaciones

Contarlos no es sencillo, y las cifras que circulan no concuerdan entre sí. La de referencia es la del Gobierno Vasco. Su revista oficial, Euskal Etxeak, cifraba en el año 2000 en casi 18.000 las personas asociadas a centros vascos en todo el mundo, cuando había 124 centros en 18 países, y en alrededor de 30.000 los vascos residentes fuera con derecho a voto.1 La cifra de socios hay que leerla con su fecha, porque hoy el Gobierno Vasco reconoce 177 centros en 24 países.

La misma revista habla de cerca de cinco millones de personas «de ascendencia y apellidos vascos» en el mundo, sin decir cómo las ha contado.1 Y para algunos países circulan cifras todavía mayores, como la de los «cuatro millones de argentinos con sangre vasca», que salen de fuentes divulgativas sin base censal.

Que no cuadren no se debe a un descuido. La pertenencia a una diáspora no se mide en un censo: depende de cuántas generaciones atrás se acepte mirar y de si cada cual se reconoce en ese origen. A eso se suma un problema de registro. Los puertos apenas anotaban a quien volvía a emigrar de un país vecino a otro, de modo que un mismo emigrante pudo contarse dos veces, o ninguna.2

Lo que no está en duda es la escala: 177 centros vascos reconocidos en 24 países, cuatro siglos de presencia continuada y comunidades organizadas en los cinco continentes.

Tres olas migratorias muy diferentes entre sí

Esa presencia no se formó de una vez ni por un solo motivo. Los vascos salieron en tres grandes olas, y cada una tuvo sus causas, su gente y sus destinos:

Cuándo Por qué se fueron A dónde
La primera ola: marinos y colonos s. XVI-XVII Especialización marítima y servicio a una empresa imperial Terranova y Labrador; México, Perú, el Caribe, Filipinas
La segunda ola: la gran emigración 1830-1925 Heredero único, guerras carlistas, quintas, crisis agrarias Río de la Plata primero; después Chile, Cuba y el Oeste americano
La tercera ola: el exilio 1936-1939 Guerra y represión Europa primero; luego Venezuela, México, Colombia y la República Dominicana

Los tres capítulos que siguen cuentan cada una por separado. Pero la emigración vasca no terminó en 1939, y hay dos corrientes que las tres olas dejan fuera. Entre el final de la Segunda Guerra Mundial y mediados de los años setenta salieron trabajadores hacia París, Australia, Alemania y Suiza. Y desde los años noventa se van profesionales y estudiantes que han creado centros vascos en países donde nunca hubo colonia.