Por qué se fundaron los centros vascos y cómo han llegado hasta hoy
06 · 4 min de lecturaLos centros vascos son lo que la emigración dejó en pie. Los fundaron emigrantes recién llegados para ayudarse entre ellos y, mucho después, descendientes que nunca emigraron. Por qué nacieron, y por qué siguen abiertos, tiene una respuesta distinta en cada época.
Los primeros centros: ayudarse y no perder la identidad vasca
El primero de todos fue el Laurak-bat de Montevideo, en 1876. El de Buenos Aires nació al año siguiente, y es el más antiguo de los que siguen en actividad sin interrupción.28
Antes ya se habían reunido vascos fuera de Euskal Herria, pero con otro fin: eran cofradías religiosas y benéficas, no sociedades civiles de emigrantes. En 1612 los vascos de Lima compraron una capilla y fundaron la Hermandad de Nuestra Señora de Aránzazu, la primera cofradía vasca de América según el historiador José de la Puente Brunke. En 1715, algo más de un centenar de vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses fundaron en Madrid la Congregación de San Ignacio, que sigue activa hoy. Ninguna de las dos se propuso lo que se propusieron los Laurak-bat: reunir a una colonia de emigrantes, socorrer al recién llegado y sostener una identidad vasca frente a las colectividades más grandes. Eso empieza en 1876 (ver la Hermandad de Aránzazu y la Congregación de San Ignacio).3738 El propósito de los nuevos centros, formulado sin adornos, era este: «unir a los vascos de la zona, suministrar ayuda a los nuevos inmigrantes, y establecer contactos con el País Vasco».28
Detrás de esa fórmula había dos necesidades, una práctica y otra política, y ninguna de las dos era la nostalgia. La práctica era ayudarse: sociedades de socorros mutuos para el paisano que pasaba apuros. La política la dejó dicha Martín Errecaborde, cofundador y primer presidente de Euskal Echea, cuando explicó para qué más servía el centro: para que la colectividad vasca no se dispersara en sociedades «españolas, francesas o argentinas».11
Centros sin colonia detrás: la diáspora del siglo XXI
La última hornada de centros no encaja en ninguna ola, porque detrás no hay una colonia de emigrantes. En noviembre de 2004, el Consejo Asesor de Relaciones con las Colectividades Vascas constató que Euskal Herria ya no era un país de emigrantes, pero que seguía saliendo gente joven a estudiar o a trabajar, muchas veces por una temporada, y que no iba a los destinos de antes (América, Filipinas, Australia), sino a países europeos como Italia, Alemania, Irlanda o Dinamarca, y a destinos nuevos como China. El mismo Consejo advirtió de que el modelo tradicional de euskal etxea no respondía a lo que esos grupos necesitaban.35
Los centros nacidos de esa salida se parecen poco a los de antes. El de Roma, creado en 2002, no es una casa de colonia, sino un proyecto de difusión cultural dirigido también a italianos. El de Shanghái nació en 2005 de los profesionales que habían ido allí con las empresas vascas. Y en el de Tokio, buena parte de los socios de la primera asociación eran japoneses.
Un lugar de debate político sobre quién era vasco
Los centros fueron también el escenario de una disputa. Entre 1877 y 1899 llegaron hasta ellos el clímax de la última guerra carlista, la abolición foral, la división entre fueristas transigentes e intransigentes, el renacimiento cultural iniciado hacia 1880, la Gamazada navarra, los primeros pasos del «bizkaitarrismo» de Sabino Arana, el integrismo de Nocedal y la crisis del 98, y todo eso tuvo eco en los hombres que impulsaron las primeras euskal etxeak.12 Dentro de los centros, carlistas y nacionalistas se enfrentaron abiertamente por sus ideas.13
De esas discusiones salió una decisión que marcó al resto, y que hizo del zazpiak bat una práctica y no solo un lema: tener por objetivo a la totalidad de los vascos, sin atender a si venían del lado español o del francés.11
Desde 1980: centros fundados por descendientes de emigrantes
A partir de 1980 cambió quién fundaba los centros. En ciudades del interior empezaron a surgir centros vascos abiertos no por emigrantes, sino por sus descendientes. Sus dirigentes y socios eran de segunda y tercera generación, sabían poco de cultura vasca y tenían como rasgo principal de identidad «una fundamental dosis de sentimiento vasco».14
No fueron casos sueltos. Solo desde 1985 se registraron treinta y nueve organizaciones nuevas en Argentina, diez en Estados Unidos y seis en Uruguay, una oleada fundacional entera hecha por gente que no había emigrado.28
Con ellos la diáspora dejó de depender de que siguiera llegando gente, y se renovó desde dentro. Esos centros ya no acogen al que baja del barco, ni son sociedades de socorros mutuos, ni sostienen a un gobierno en el exilio: son instituciones de identidad que mantienen personas que nunca emigraron.
Todo el proceso fue acompañado de un impulso a federarse, y desde muy temprano los centros se agruparon en organizaciones más amplias. En el Congreso Mundial Vasco de París de 1956 se fundó la Confederación de Entidades Vascas en América (CEVA), con la FEVA argentina, la Federación de Chile, el Centro Vasco de Caracas y el Euskal Erria de Montevideo, y en 1973 nació en Estados Unidos la North American Basque Organizations (NABO).1
ar-20640-114650) e «Instituciones y asociaciones de la diáspora vasca» (ar-20640-114651). https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/es/aproximacion-al-desarrollo-de-la-diaspora-vasca/ar-20640/