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País · América del Sur

Perú

La Hermandad de Aránzazu de Lima: la primera cofradía vasca de América (1612)

03 · 3 min de lectura

Una capilla en San Francisco

La Hermandad de Aránzazu fue una cofradía: una asociación religiosa y de socorro que los vascos de Lima levantaron en torno a una capilla, a una Virgen y a una cripta donde enterrarse juntos. La sostuvieron sobre todo sus comerciantes, perdió sus bienes en el siglo XIX y ha vuelto a la vida pública en el XXI.

Empezó con reuniones. Desde los primeros años del siglo XVII, un grupo de vizcaínos se juntaba en el convento de San Agustín de Lima con la idea de formar una hermandad. El paso decisivo llegó el 13 de febrero de 1612, cuando un grupo de «caballeros hijosdalgo de la nación vascongada» dio poder ante notario a seis paisanos para comprar la capilla de la Encarnación en la iglesia de San Francisco, con su cripta para enterrar a los hermanos y a sus descendientes. Para pagarla se comprometieron a reunir 10.000 pesos.1

No había precedente. Según el historiador José de la Puente Brunke, Lima fue el primer lugar de América en el que la comunidad vasca formó una cofradía, bajo la advocación de Nuestra Señora de Aránzazu.1 El Gobierno Vasco la cuenta entre los antecedentes asociativos más importantes de la diáspora.6

Darle forma costó años: la primera elección de mayordomos fue en 1619, y las constituciones definitivas no se terminaron hasta 1635.1

Quiénes podían ser hermanos y para qué servía

Para entrar no hacía falta haber nacido en Bizkaia o en Gipuzkoa. Podían ser hermanos los residentes en Lima naturales de esas dos provincias y sus descendientes, y también los de Álava, Navarra y las «cuatro villas» de la costa cantábrica: Laredo, Castro Urdiales, Santander y San Vicente de la Barquera.1

Lo que la Hermandad se proponía cabía en una fórmula, «ejercitarse en las obras de piedad y misericordia», y en la práctica quería decir visitar a los enfermos pobres, sobre todo a los forasteros, interesarse por los presos de origen vasco-navarro que había en las cárceles y enterarse de quién llegaba a Lima desde aquellas tierras para ayudarlo.1 Sus constituciones la declaraban, además, exenta de toda jurisdicción civil o eclesiástica.1

Esas mismas constituciones llevaban los prejuicios de su tiempo: excluían del enterramiento a los descendientes «manchados» de judío o moro penitenciado por la Inquisición, o casados con mulata, india o negra.1 Y los documentos de la Hermandad registran que tuvo esclavos al servicio de su capilla.1

Los comerciantes vascos de la Lima del siglo XVIII

Fue en el siglo XVIII cuando los hermanos de Aránzazu pesaron más en la economía peruana.1 El historiador Alberto Flores Galindo hizo una relación de los cincuenta principales personajes de la clase alta limeña de finales de ese siglo: veintiséis eran peninsulares, y quince de ellos, vascos o navarros, sin contar a otros hijos de vascos nacidos ya en el Perú.1

No todos subieron igual de alto. El navarro Martín de Osambela, nacido en Huici en 1754, hizo una gran fortuna y aun así no llegó a las esferas más altas, probablemente porque no se casó con una gran familia criolla. Los Querejazu, en cambio, fueron una de las familias más poderosas de la ciudad: Antonio de Querejazu y Uriarte, natural de Mondragón (Arrasate), fue mayordomo de la Hermandad y prior del Tribunal del Consulado de Lima, y su hijo llegó a ser el oidor más antiguo de la Audiencia.1

Del cierre de la bóveda a hoy

El siglo XIX le quitó a la Hermandad, una tras otra, la cripta y los bienes. En 1808, al abrirse el Cementerio General de Lima, se clausuraron las bóvedas de las iglesias: los mayordomos retiraron la lápida de bronce que estaba allí desde 1693, y la Hermandad recibió a cambio nichos en el cementerio.1 En 1865, un decreto del presidente Mariano Ignacio Prado pasó los bienes de las hermandades y cofradías limeñas a la Sociedad de Beneficencia Pública.1

Volvió a la vida pública con su cuatricentenario, en 2012, y al año siguiente organizó actos en ocho ciudades del Perú.917 En 2019 impulsó la Limako Arantzazu Euzko Etxea, que el Gobierno Vasco reconoce hoy como centro vasco.1015