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Historia

Historia de la diáspora vasca

La identidad vasca en la diáspora: cómo se mantiene y cómo cambia

08 · 6 min de lectura

Lo que la diáspora representa no se lee en las fechas de salida, sino en cómo vivieron los que se fueron y sus nietos: con quién se casaban, qué bailaban en las fiestas, a quién admitían como socio. Para contarlo hay que salir de la historia y entrar en la antropología, porque la pregunta ya no es qué pasó, sino qué significa ser vasco al otro lado del Atlántico y tres generaciones después.

Una identidad que se construye en diálogo con el país de acogida

La diáspora se define como una población étnica dispersa y, en palabras de Pedro J. Oiarzabal, «desterritorializada que conforma una identidad colectiva en referencia siempre a la cultura dominante de sus países de residencia».21

Ese «en referencia» quiere decir que la identidad de la diáspora no es una copia congelada de la de origen, sino que se construye en diálogo con el país que acoge, y por eso hay tantas identidades vascas de la diáspora como países. El mismo autor añade que estas comunidades, «lejos de ser monolíticas u homogéneas, se integran en cada región de acogida».21

Lengua, ropa y comida: los rasgos con los que un grupo se distingue

La antropóloga Lisa M. Corcostegui, en un trabajo dedicado precisamente a la danza vasca y la etnicidad simbólica, explica que la identidad étnica consiste en el uso emblemático de aspectos de la cultura para diferenciarse de otros grupos, y que los emblemas más reconocibles son tangibles: la lengua, la ropa y la comida.22

Son las mismas cosas que llenan el programa de cualquier centro vasco: clases de euskera, dantza con su vestimenta, cocina, pelota, mus. Lo que desde fuera puede parecer folclore es, en términos antropológicos, el aparato con el que un grupo marca su frontera, y el centro es el lugar donde esos emblemas se mantienen en uso, no expuestos.

Lo que cuenta, siguiendo a Fredrik Barth y a Gloria Totoricagüena, no es el rasgo en sí, sino la frontera que el grupo traza con él: la etnicidad es una adscripción, la identificación de uno mismo en un contexto nuevo y diferenciador.23

Casarse entre vascos: los emigrantes a Idaho (1889-1934)

Esa frontera no se quedaba en los discursos: pasaba también por el registro civil. De 119 vascos que emigraron a Idaho entre 1889 y 1934, 114 se casaron con mujeres vascas, y solo cinco lo hicieron fuera. Casarse por poderes quería decir que alguien cruzaba un océano para unirse a una persona a la que no había visto, y así se casaron muchos de aquellos emigrantes.28

Quién podía ser socio: cómo cambió la definición de vasco desde 1877

Dónde ponía cada centro esa frontera se lee en sus propios nombres y estatutos:

Año Institución Quién cuenta como vasco
1877 Laurak Bat, Buenos Aires «Los cuatro, uno»: las cuatro provincias vascas de España. Los estatutos marcaban la obligatoria «españolidad» de sus socios, e Iparralde queda fuera incluso del nombre
1904 Euskal Echea Podían ser socios «todos los vascos naturales de las provincias vascas de España y de Francia, así como sus descendientes, nacidos en cualquier otro lugar»
1912 Zazpirak Bat, Rosario «Los siete, uno». El número entra en el nombre de la institución
desde 1980 los centros del interior Los fundan descendientes de segunda y tercera generación; el rasgo principal de identidad es el «sentimiento vasco»

Fuentes: estatutos y denominaciones en 24; la última fila, en el capítulo 6.14

En poco más de un siglo, el criterio de pertenencia pasó de nacer en cuatro provincias y ser español a sentirse vasco. Y cada uno de esos pasos se dio fuera: en 1904, en Buenos Aires, ya se reconocía como vasco al nieto nacido en Argentina de padres de Iparralde. El zazpiak bat se practicó en la diáspora antes y con menos obstáculos que en casa.

Se discutía hasta por las palabras, porque las palabras decidían quién estaba dentro. En los centros, «vascongado» acabó funcionando como el apelativo del vasco no nacionalista, el que, según sus adversarios, «no aceptaba a su patria en plenitud».24

Tradiciones que se adaptan: los festivales vascos de Estados Unidos

En 2010, durante su trabajo de campo en el festival de verano del Zazpiak Bat Basque Club de Reno (Nevada), el antropólogo Pablo Orduna Portús asistió a un concurso infantil de bebedores de bota. Los niños bebían zumo, y ganaba quien lo hacía con más estilo y menos se manchaba. Orduna lo leyó como «una nueva reinterpretación de la tradición, una praxis de la cultura, una autoafirmación en la diferencia».21

La tradición no se había degradado, sino adaptado a quien tenía que recibirla. En otro festival vasco, en Elko, el bertsolari Jesús «Jess» Goñi lo cantó para que quienes vinieran después pudieran disfrutar de lo mismo:

Eta Amerikan oraindik ere / gure ohiturak bizirik / dantzan eginez, harrijasotzen

«Y todavía en América siguen vivas nuestras tradiciones, danzando y levantando piedras».21

El propio estudio describe esa mezcla como una convergencia híbrida por definición, en la que «el presente contiene el pasado».21

Por qué la diáspora parece a veces más vasca que Euskal Herria

Entre la diáspora y Euskal Herria hay una extrañeza que va en las dos direcciones. El de fuera encuentra Euskal Herria distinta de lo que le contaron, y el de dentro ve en un centro vasco de Argentina una vasquidad que le suena antigua. No es que unos sean más vascos que otros, sino que se separaron en un punto del tiempo: la diáspora conserva la imagen del momento de la salida, mientras el país de origen siguió cambiando.

William A. Douglass y Jon Bilbao describieron lo que eso suponía para el que volvía. Muchos emigrantes, al regresar, se encontraban con que las imágenes de su familia y de su pueblo, que habían mantenido congeladas e inalteradas en la memoria, habían cambiado, y eso dificultaba cualquier reinserción.25

Varias identidades a la vez: los pastores del valle de Roncal

El mismo estudio etnográfico siguió a los pastores del valle de Roncal que acabaron en las montañas de Nevada, y de ellos saca dos cosas. La primera es que los entrevistados ponen su origen ronkaliar por delante de cualquier identidad española, europea, vasca o americana.21 La identidad opera muchas veces a escala de valle o de pueblo, no de nación, y alguien puede sentirse antes de Uztárroz que vasco y estar, al mismo tiempo, en el club vasco de Reno.

La segunda es que esas pertenencias no se excluyen, sino que se suman. Su identidad, dice el estudio, «ha mutado y se ha hecho algo muy complejo», un mosaico de rasgos roncaleses, americanos, vasco-navarros e hispanos, «donde no se encuentra confrontación alguna».21

Una frase en euskera del valle de Roncal sobre la distancia

Los roncaleses tienen un dicho para esa manera de estar lejos y cerca a la vez:

Dina abaño dina urrin.

Lo que, estando cerca, sentimos lejano; y lo que, estando lejos, sentimos cerca.21