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Historia

Historia de la diáspora vasca

La segunda ola: la gran emigración a América (1830-1925)

03 · 5 min de lectura

La segunda ola es la que llenó los barcos y la que dejó el mapa de centros vascos que existe hoy. Ya no salía personal cualificado al servicio de un imperio, sino gente que no tenía otra salida: campesinos al principio, artesanos y gente de pueblos y ciudades después. El periodo más intenso arranca hacia 1830 y declina entre 1920 y 1925.

Por qué se fueron: herencia, guerras y crisis

La herencia: el caserío pasaba entero a un solo hijo

La explicación principal la sostiene el propio Gobierno Vasco. El caserío no se repartía: pasaba íntegro a un solo heredero, y a los demás hermanos les quedaban tres salidas, la Iglesia, el ejército o América. Muchos eligieron la tercera. Es la explicación que recogen buena parte de los autores y la que está escrita en el preámbulo de la ley vigente:

«Los vascos están dispersos en el mundo entero ya desde hace siglos. Muchas son las razones que han propiciado este fenómeno, entre ellas el espíritu de aventura o el particular sistema hereditario foral, que con su régimen de mayorazgo, motivaba a los segundones a la búsqueda de otros medios de vida; en otras ocasiones los motivos han sido más sociales y políticos, derivados, unas veces, de situaciones de necesidad y penuria económica, y otras, como consecuencia de guerras y exilio.»

Ley 8/1994, de 27 de mayo, de relaciones con las colectividades y centros vascos en el exterior5

Otros historiadores no dicen que sea falso, pero sí que no fue el único motivo, y su objeción tiene dos partes. La primera es de precisión. No existió «un» sistema hereditario vasco, sino una diversidad de cuerpos legales distintos que coincidían en la existencia de heredero único, una figura que a menudo se confunde con el mayorazgo (una institución jurídica del Antiguo Régimen, suprimida con él). La segunda es de hecho: hubo emigración intensa desde zonas donde ese reparto desigual no estaba vigente, como las villas de derecho común de Bizkaia, la Llanada alavesa o Iparralde.2

La herencia troncal y el heredero único fueron, por tanto, un motor real de la emigración vasca, como dice la ley y sostiene buena parte de la bibliografía. Pero no fueron el único, porque también se fue gente de donde la tierra sí se repartía.

Otras causas: guerras carlistas, servicio militar, crisis agrarias y pérdida de los fueros

A la herencia se sumaron otras razones. Las más citadas por los estudiosos son el conflicto carlista, el rechazo al servicio militar y la salida del caserío, y hubo también detonantes concretos, con fecha, como la crisis del maíz de 1856-57 y la filoxera a partir de 1880.1

El servicio militar pesó más de lo que suele contarse. Tras la guerra carlista, las provincias vascas quedaron igualadas al resto del Estado en la obligación del servicio militar. Pero se eximió de él a quienes habían defendido la causa del Gobierno, y todos los cupos de las quintas recayeron así sobre los carlistas. Veinte años después la exención seguía vigente. Para una familia del bando perdedor, que un hijo tuviera que ir a filas no era cuestión de azar, sino consecuencia de haber estado en ese bando.6

El ciclo lo cerró la abolición foral. La ley de 21 de julio de 1876, promovida por Cánovas del Castillo, es el hecho político que más directamente conecta con la fundación de los primeros centros vascos: el Laurak Bat de Buenos Aires nació al año siguiente, y como respuesta explícita.7

Quién emigraba: primero campesinos, después artesanos

Tampoco se fue siempre el mismo tipo de persona ni por los mismos motivos. En el censo argentino de 1869 predominan los vascos que no saben leer ni escribir, lo que cuadra con una salida inicial sobre todo campesina. Hacia 1895 los números se invierten, y los que llegan son sobre todo artesanos y gente de pueblos y ciudades que escapa de los problemas de la industrialización.8

Iparralde: la emigración del lado francés

La gran emigración suele contarse desde Hegoalde, pero el lado norte se vació igual o más. Según Argitxu Camus Etchecopar, entre 1832 y 1891 salieron de Iparralde hacia América unas 80.000 personas, con el máximo entre 1850 y 1880. La cifra está calculada a partir de los pasaportes y, advierte la propia autora, no es del todo fiable. En el siglo XX esa corriente cambió de rumbo: América dejó prácticamente de atraer a los vascos del norte, y su lugar lo ocupó la región de París (ver los vascos en Francia).32

A dónde fueron: primero a Argentina y Uruguay, después a Chile, Cuba y Estados Unidos

Los destinos cambiaron con las épocas, y el orden en que se sucedieron explica el mapa actual de los centros vascos.

Los marinos, comerciantes y funcionarios de los siglos XVI y XVII habían ido a Terranova y Labrador, a México, al Perú, al Caribe y a Filipinas (capítulo 2), y durante la Edad Moderna siguieron yendo a México, Perú, Venezuela y el Caribe. A principios del siglo XIX los procesos de independencia iberoamericanos cortaron el flujo, que se reanudó con fuerza desde 1825. A partir de ahí y hasta 1936, el primer destino fue el Río de la Plata, Argentina y Uruguay; después vinieron Chile, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y a finales de siglo, la costa oeste norteamericana. Tras 1936-39 se añadirían Venezuela, Colombia, México y la República Dominicana.4

Dos episodios tienen vida propia. De la fiebre del oro de California (1849) salió el pastoreo ovino vasco en el Oeste americano. Y mucho después, entre 1957 y 1970, la Western Range Association tramitó más de 5.000 solicitudes de contratos de pastor, la mayoría de Navarra y Bizkaia.

Aquellos pastores no dominaban el oficio por una destreza ancestral traída de casa. Buena parte de lo que sabían de grandes rebaños lo habían aprendido antes, en las pampas sudamericanas, adonde muchos habían emigrado primero.