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Historia

Historia de la diáspora vasca

Para qué sirvieron los centros vascos y para qué sirven hoy

07 · 5 min de lectura

Lo que hace un centro vasco ha cambiado con cada generación de socios. Fue el edificio donde vivía la cultura vasca, la imprenta de lo que no podía publicarse en España, el sostén de un gobierno en el exilio y el escaparate de la colectividad ante el país que la acogía; hoy es también el sitio donde se aprende euskera y desde donde se colabora con el Gobierno Vasco.

Sede de la cultura vasca: asociaciones, editoriales e institutos

El centro era, literalmente, un edificio, con su sede, su biblioteca y su salón de actos, y alrededor de ese edificio creció todo lo demás. El Laurak Bat de Buenos Aires lo fundaron el 13 de marzo de 1877 trece jóvenes reunidos en el café Milán de la calle Cangallo, y es el centro vasco más antiguo del mundo en activo. Bajo su techo tuvieron sede Acción Vasca de Argentina, la Editorial Vasca Ekin, Emakume Abertzale Batza, Euskaltzaleak, el Eusko Kultur Etxea y el Instituto Americano de Estudios Vascos.16

Sus socios dan la medida de lo que llegó a mover: pasaron de menos de 400 en 1938 a más de 1.100 en 1952, su máximo histórico. Los años entre 1940 y 1960 fueron los de mayor producción y difusión de cultura vasca en Argentina, y el centro fue el nodo de esa red.16

Imprimieron fuera lo que no se podía publicar en España

Parte de lo que no podía imprimirse dentro se imprimió fuera, en los centros o gracias a ellos.

Euzko Deya nació en París el 29 de noviembre de 1936, se editaba en francés, castellano y euskera, y tuvo continuación en Londres (1938), Buenos Aires (10 de mayo de 1939) y México (1943) como voz oficial del Gobierno Vasco en el exilio. El de Buenos Aires se publicó hasta 1987 y tuvo corresponsales en Uruguay, Chile, Perú, Colombia, Cuba, República Dominicana, Estados Unidos y Venezuela. No lo financiaba la Delegación: se sostenía con suscripciones y publicidad, es decir, con el dinero de sus lectores.17 En 1942 se fundó en Buenos Aires la editorial vasca Ekin.16

Un libro muestra de cerca cómo se hacía. Inocencia de un patriota era una obra prohibida en España, y sus originales salieron escondidos en el dobladillo de la sotana del capuchino navarro Pío de Oricáin, que los llevaba por encargo de Ángel Zabala, primer presidente del PNV tras la muerte de Arana. Se imprimieron en Buenos Aires, en la imprenta de Sebastián de Amorrortu e hijos.18

Pagaron las delegaciones del Gobierno Vasco en el exilio

El Gobierno Vasco en el exilio se apoyó en los centros para mantener su estructura en América. La financiación de sus cuatro Delegaciones Generales en el continente corría a cargo de las comunidades vascas de cada país.10

Dieron a conocer a la comunidad vasca en su nuevo país

El centro no funcionaba solo hacia dentro: fue también el modo en que la colectividad se hacía ver en la sociedad que la acogía. En 1882, por iniciativa del Laurak Bat, se creó en Buenos Aires la Plaza Euskara. A su inauguración asistieron 3.000 personas, y por ella pasaron personalidades de la elite porteña, presidentes de la Nación incluidos. Cuando decayó se vendió, y con ese dinero el centro compró en 1903 el solar donde sigue estando; la primera sede propia se inauguró en 1904.16

De enseñar castellano a los emigrantes a enseñar euskera a sus nietos

Gloria Totoricagüena describe cómo los centros fueron transformando sus servicios según lo que necesitaba cada generación. Al inmigrante que acababa de llegar le daban «servicios económicos y sociales junto con una integración instantánea, amistad y pertenencia a un grupo»; después se volcaron en «la defensa y la conservación de la identidad cultural».28

En la práctica, la función se dio la vuelta dentro del mismo edificio. El centro que había enseñado castellano o inglés al abuelo recién bajado del barco, y le había ayudado a buscar empleo, pasó a dar información genealógica y a enseñar euskera al nieto que no se ha movido de allí.28

Alrededor de esas funciones creció una vida social que la misma autora enumera: bibliotecas, orquestas, coros y grupos de baile (con letras nacionalistas, y funcionando como «factor poderoso en la socialización»), cenas mensuales, festivales anuales, viajes a la tierra de origen y torneos internacionales de mus que llegaron a conectar veintiún países de la diáspora.28 Y a propósito de la cocina, anota:

«Si hay un Centro Vasco, hay siempre una cocina.»28

Esa cocina es, a menudo, la puerta por la que entra quien no es vasco: muchos centros tienen restaurante abierto al público, en Uruguay, Argentina, Estados Unidos y México.28

Qué hacen hoy: clases de euskera y colaboración con el Gobierno Vasco

Hoy los centros enseñan la lengua y hacen de puente con el Gobierno Vasco.

Lo primero se ve en las aulas. El programa Euskara Munduan, que lleva la FEVA, forma profesorado para la enseñanza y difusión del euskera en Argentina y en otros países de Latinoamérica, y los barnetegis, semanas de inmersión, se celebran en los propios centros, como la Unión Vasca de Bahía Blanca o el centro vasco de San Nicolás.19

Lo segundo es diplomacia. El Gobierno Vasco describe hoy a la colectividad exterior como «activo fundamental en la diplomacia de la estrategia de Euskadi Global», y sostiene que es la propia diáspora la que está pidiendo políticas nuevas, como quedó reflejado en el Plan Cuatrienal de Colectividades Vascas 2024-2027.20 Sus líneas de subvención dicen qué se espera de los centros: cursos de euskera, relaciones económicas con Euskadi, recopilación de materiales sobre la presencia vasca en el mundo y asistencia humanitaria a vascos sin ingresos.1

Centros que pierden socios y centros nuevos que aparecen

La diáspora no está simplemente creciendo ni simplemente apagándose, sino cambiando de forma: los grandes centros urbanos de la emigración pierden socios mientras aparecen centros pequeños de nietos. El Laurak Bat entró a partir de los años sesenta en una declinación lenta, y en 2002 su presidente de entonces, Jon Uriarte, resumía el problema sin adornos: «el centro no se ha adaptado a los cambios de la sociedad a través del tiempo», y lo describía como «el País Vasco viejo, no el País Vasco nuevo».16

Al mismo tiempo, desde 1980, decenas de centros nuevos nacían en el interior del país, fundados por descendientes (capítulo 6).