Vascos en la historia de Ecuador
02 · 2 min de lecturaDos vascos dejaron en Ecuador una huella con nombre propio, y los dos llegaron ya formados en su oficio: un capuchino de Beizama que había sido misionero en China y murió en la Amazonía, y un vitralista que cruzó el océano pasados los cuarenta y siete años para hacer las vidrieras de una catedral.
Alejandro Labaka, de Beizama a la Amazonía
Alejandro Labaka Ugarte nació el 19 de abril de 1920 en Beizama (Gipuzkoa) y entró en la orden capuchina.3 Antes de Ecuador fue misionero siete años en China, hasta que lo expulsaron, y en 1954 llegó al país que ya no dejaría. En 1977 estableció contacto con los huaorani de la Amazonía.2 Llegó a ser obispo y vicario apostólico de Aguarico.3
Allí murió. El 21 de julio de 1987 lo alancearon junto a la terciaria capuchina colombiana Inés Arango cuando intentaban contactar con el pueblo indígena tagaeri.2 El 22 de mayo de 2025, el papa León XIV aprobó el decreto que reconoce su vida como una ofrenda heroica y los declara venerables a los dos, un paso hacia la beatificación.23
Guillermo Larrazábal, el vitralista de las catedrales
Guillermo Larrazábal (1907-1983) llevaba dieciséis años trabajando en casas de vitrales artísticos cuando viajó a Ecuador, con más de 47 años, para hacer las vidrieras de la catedral de Cuenca. Se había formado en un colegio de jesuitas de Bizkaia y había aprendido el oficio del vidrio en el taller de Luis Lerchundi.5
Aquel encargo fue solo el comienzo. Entre 1955 y 1983 llenó ventanales y rosetones de iglesias y catedrales ecuatorianas: la de Cuenca, la de Ambato y la de Guayaquil, entre otras.45 Murió en junio de 1983.5
Dónde nació no está claro. El estudio publicado por el Gobierno Vasco sitúa su nacimiento en Córdoba (Veracruz, México), de donde su familia volvió al País Vasco cuando él tenía dos años;4 el diccionario biográfico de Rodolfo Pérez Pimentel, en Bilbao.5