Saltar al contenido
Euskal Diaspora GuneaBuscar
País · Caribe

República Dominicana

Los refugiados de 1939 y la delegación de Galíndez

03 · 3 min de lectura

El exilio de 1939 trajo a la República Dominicana una colonia vasca pequeña, que para casi todos fue solo un lugar de paso, y una delegación del Gobierno Vasco que funcionó de 1939 a 1948. Casi todo lo que se sabe de ella lo contó uno de sus delegados, Jesús de Galíndez, que escribió como testigo.

Un país que abrió la puerta

A finales de 1939 y en 1940 la República Dominicana se convirtió en escalón de paso para muchos refugiados políticos. Según Galíndez, el país admitió libremente a todos los refugiados cuando otros países americanos cerraban sus puertas, incluso México durante algún tiempo. En cuatro meses llegaron casi 5.000, y un país pequeño y con pocos recursos quedó saturado.2

Los vascos fueron entre cien y ciento cincuenta, y para casi todos la isla fue eso, un escalón: siguieron viaje inmediatamente a Venezuela, algunos marcharon después a otros países de América y solo una cincuentena se quedó.2 En esa cincuentena, el escultor bilbaíno Manolo Pascual dirigió la Escuela Nacional de Bellas Artes, el economista Alfredo Lagunilla ocupó un alto cargo en la Secretaría del Tesoro y el doctor Manuel Martínez de Ubago ejerció de médico.2 El propio Galíndez fue catedrático de la Escuela Diplomática y Consular y secretario del Instituto de Legislación Americana Comparada de la Universidad de Santo Domingo.2

La delegación (1939-1948)

La delegación vasca se organizó a finales de 1939 para atender a los refugiados que iban llegando. Su primer delegado fue Eusebio de Irujo; desde abril de 1940 hasta enero de 1946 lo fue Jesús de Galíndez, y desde febrero de 1946, Manuel Martínez de Ubago.2 Sanz Goikoetxea y Álvarez Gila completan la historia. Irujo fue trasladado a Venezuela a finales de 1940. Los representantes vascos intentaron que se les reconociera como entidad cuasidiplomática, y eso los hizo chocar con el gobierno español y con el dominicano. La delegación se cerró en 1948, cuando las desavenencias con la dictadura de Trujillo se volvieron irresolubles.3

Pasada la avalancha de refugiados, escribe Galíndez, la misión se concretó en mantener relaciones con la colonia vasca, con las autoridades dominicanas y con el cuerpo diplomático. Los actos más importantes fueron los de la visita del lehendakari Aguirre, en octubre de 1942.2 Del banquete de aquella visita quedó constancia en una carta. Había cuatro banderas: la dominicana, la catalana, la española republicana y la vasca. Hablaron representantes de todas las familias del exilio y, cuando le tocó el turno, Aguirre repartió reproches a los dos bandos.3

Los marinos

Los dos barcos principales del país estaban mandados por vascos, y los dos se hundieron torpedeados durante la guerra mundial. El Presidente Trujillo tenía de capitán a José Urrutxua, de Gernika, y de primer maquinista a su sobrino Txomin de Urrutxua, que murió en el hundimiento. El capitán del San Rafael era Juan Beotegi, de Mundaka, y su primer oficial, Alejandro de Solaetxe, de Barakaldo, murió también. Al funeral asistieron el presidente de la República, las autoridades y el delegado vasco.2

Galíndez termina su texto con dos nombres dominicanos más. Durante la estancia del lehendakari Aguirre en Berlín, quien más le ayudó personalmente fue el ministro dominicano Roberto Despradel, y el ministro dominicano en Washington, Andrés Pastoriza, sirvió de intermediario de sus cartas.2