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País · Oceanía

Australia

Cuándo llegaron los vascos a Australia: la caña, el campo y la ciudad

02 · 3 min de lectura

La emigración vasca a Australia es la historia de un oficio: cortar caña de azúcar en el norte de Queensland. La empezaron hacia 1910 unos marineros que dejaron su barco en Sídney al saber que en el norte se buscaban cortadores, la alimentaron las familias que avalaban a cientos de paisanos y llegó a su punto más alto entre 1958 y 1960, con un reclutamiento organizado en el norte de España. El que llegaba con contrato pagaba el pasaje con dos o tres años de trabajo allí donde el Gobierno australiano decidiera, y muchos acabaron lejos de la caña, en las grandes obras públicas del país. A mediados de los sesenta la colonia rondaba las dos mil personas. La mecanización de la cosecha y la recuperación económica vasca cerraron el ciclo, y de aquella emigración salieron los tres clubes que Australia llegó a tener.

Antes no hubo casi nada. William A. Douglass encuentra poca constancia de vascos en la Australia del siglo XIX: el censo de la época apenas recoge un puñado de españoles y franceses con apellidos vascos, y no consta ninguna colonia estable.4

El camino lo abrió la industria azucarera. En 1907 se estancaron los intentos de sustituir por italianos a los trabajadores de las islas del Pacífico, llamados «kanakas», y los reclutadores ampliaron la búsqueda al sur de Europa. Contrataron a 104 catalanes para cortar caña en las zonas de Ingham e Innisfail, y con ellos empezó la presencia española en North Queensland.4 Algunos vasco-australianos creen que los primeros vascos del país fueron marineros de Lekeitio que, hacia 1910, se enteraron en Sídney (quizá por los catalanes) de que en el norte hacían falta cortadores, dejaron el barco y se fueron para allá.43

Entre 1910 y 1930 algunos cortadores ahorraron lo bastante para comprarse sus propias tierras de caña. Las familias Badiola y Mendiolea, de Ingham, avalaron a varios cientos de vascos, que devolvían la fianza una vez instalados en Australia. La mayoría, sin embargo, volvía a Europa con lo ahorrado.4 Después vinieron quince años de parón: la Gran Depresión, la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial casi cortaron la emigración vasca a Australia.43

La gran oleada llegó entre 1958 y 1960, con el reclutamiento en el norte de España para los cañaverales de Queensland (ver los cortadores de caña).4 El que llegaba con contrato había cambiado el pasaje asistido por dos o tres años de trabajo donde el Gobierno australiano decidiera. Su primera cama solía estar en un albergue de inmigrantes, y el mayor era el de Bonegilla, en el noreste de Victoria, abierto en 1947 y en uso hasta 1971, que Totoricagüena compara con la isla de Ellis de Estados Unidos.2

Muchos terminaron lejos de la caña, en las grandes obras públicas: el complejo hidroeléctrico de las Snowy Mountains, en Nueva Gales del Sur, iniciado en 1949; las minas y la construcción de Mount Isa; las acerías de Wollongong y Port Kembla. Para trabajar en ellas había que afiliarse al sindicato.2

A mediados de los sesenta la colonia vasca de Australia rondaba las 2.000 personas, repartidas entre North Queensland, la meseta de Atherton (donde varios plantaron tabaco), los distritos rurales de Nueva Gales del Sur y Victoria, y las ciudades de Sídney, Melbourne, Brisbane y Perth.43 Fue entonces cuando se cerró el ciclo. La mecanización de la cosecha dejó sin trabajo a los equipos de cortadores, y al mismo tiempo la economía vasca se recuperaba: los que volvían ya eran más que los que se iban.4