Azúcar amargo: los cortadores de caña de Queensland
03 · 3 min de lecturaLo que se cuenta aquí es un reclutamiento: unos gobiernos que necesitaban brazos para la caña, un cultivador vasco que volvió a Bizkaia a buscar a sus paisanos y unos cientos de hombres que se fueron a cortar caña al otro lado del mundo. La mayoría volvió, y ya en Euskal Herria crearon asociaciones para que aquella emigración no se olvidara.
Un cultivador de Ingham va a Bizkaia a buscar paisanos
Después de la Segunda Guerra Mundial, la industria azucarera australiana se quedó sin brazos: a pocos australianos les interesaba un trabajo tan duro y que solo duraba una temporada. Los cultivadores pidieron ayuda a los gobiernos de Queensland y de la Commonwealth, que mandaron reclutadores a Europa, sobre todo al sur de Italia. Uno de ellos fue un cultivador vasco de la zona de Ingham, Alberto Urberuaga, que viajó a Bizkaia a reclutar a sus paisanos.4
Las expediciones se llamaron «Emu», «Eucalyptus» y «Kangaroo». Cuántos fueron depende de a quién se pregunte. Douglass habla de 712 hombres en total, algunos de ellos no vascos, reclutados para cortar caña de azúcar. Totoricagüena, que entrevistó al propio Urberuaga, da otras cifras: en 1958 dos agentes de inmigración australianos viajaron con él al norte de España y reclutaron a 159 trabajadores; en 1959 salieron otros 169; y entre 1958 y 1960 emigraron a Australia 387 personas.2 Según El Diario Vasco, los llevaron tres barcos: el Toscana, el Monte Udala y el Montserrat.9
Detrás de los hombres salió, al menos, un grupo de mujeres vascas solteras. Iban en principio a trabajar como empleadas de hogar, y con ellas se esperaba que se casaran allí y que los solteros se quedaran en Australia en vez de volver.4 Totoricagüena documenta el Plan Marta: las mujeres seleccionadas convivían en Madrid y recibían dos semanas de clases de inglés antes de viajar. Pasaban antes un reconocimiento médico, desnudas ante funcionarios australianos y españoles, y ese trámite está entre los recuerdos más duros que ella recogió.2
Trebonne, la pelota y San Ignacio
En el cañaveral se trabajaba en cuadrilla, y las cuadrillas se hacían por afinidad: el que ya estaba instalado llamaba a sus familiares y a sus amigos de Bizkaia. Los cortadores vascos eran pocos, pero muy buscados, con fama de fuertes, de aguantar, de cumplir y de ser honrados. Se cobraba a destajo, así que una cuadrilla que se empleara a fondo podía reunir en una sola temporada una buena cantidad de ahorros.4
Fuera del corte estaba la pelota. En la casa de la familia Mendiolea Uriguen, un muro alto de hormigón hizo de frontón hasta que en 1959 se construyó el de Trebonne.2 En Ingham, cada 31 de julio, día de San Ignacio de Loyola, los vascos celebraban un festival vasco, y en 1958 un sacerdote vasco llegado con los cortadores fue nombrado capellán ambulante de la comunidad española de North Queensland.4 De ahí salió con el tiempo la Spanish Society de North Queensland, que siguió organizando actos con acento catalán y vasco.4
Johnny Mendiolea hizo la cuenta a mediados de los sesenta: su familia había firmado papeles para que emigraran unos 120 vascos, y entre el final de la Segunda Guerra Mundial y 1967 se habían mudado a la zona de Trebonne unas 1.000 personas llegadas de España, el 85 % de ellas vascas.2
El regreso
La mayoría de los cortadores de caña de la posguerra acabó volviendo a Europa.4 En 1994 un grupo de retornados de Navarra creó la Asociación Navarra Boomerang, que el Gobierno de Navarra aceptó el 29 de septiembre de aquel año, y el 14 de enero de 1995 unos noventa retornados se reunieron en Villafranca en su primer encuentro.2 En 2018 nació en Bizkaia la Euskal Australiar Alkartea, presidida por Amaia Urberuaga, vasco-australiana nacida en Ingham, para dar a conocer e investigar una emigración menos conocida en Euskal Herria que la de América. Su primer acto reunió a unas 250 personas en Gernika en noviembre de 2018.8