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País · América del Sur

Colombia

Misioneros y exiliados vascos en el siglo XX

04 · 2 min de lectura

Los vascos que llegaron a Colombia en el siglo XX lo hicieron por dos caminos: el de las órdenes religiosas, que mandaron misioneros a territorios de frontera, y el del exilio de la Guerra Civil, que dejó en Bogotá, además, una delegación del Gobierno Vasco que duró casi cuarenta años.

Carmelitas vascos en Urabá (1918-1941)

Los misioneros fueron primero. En 1918, la prefectura apostólica de Urabá, en Antioquia, quedó a cargo de los carmelitas descalzos de la provincia de San Joaquín de Navarra, que la atendieron hasta 1941. El Estado colombiano había delegado en la Iglesia la incorporación de esos territorios de frontera, y los misioneros construyeron una imagen del territorio como espacio que debían «civilizar».7

Los exiliados de la Guerra Civil

Los exiliados que llegaron después no encontraron el país vacío de vascos: se sumaron a pequeños grupos de inmigrantes que ya vivían en Bogotá y Medellín.6 Los acogió el gobierno de Alfonso López Pumarejo.6 Uno de ellos, el político y escritor Jon Andoni Irazusta, escribió en el exilio la novela en euskera Bizitza garratza da, una visión amarga de la emigración vasca en Colombia tras la guerra que mezcla personajes inventados con personas reales, como los misioneros carmelitas de Urabá.15

Una delegación en Bogotá (1942-1980)

La delegación nació de una visita. El lehendakari José Antonio Aguirre estuvo en Colombia en 1941 y llevó una ofrenda floral a la plaza de Bolívar de Bogotá, y tras su paso, en 1942, se oficializó la delegación del Gobierno Vasco en Colombia. Su primer delegado fue el exiliado Francisco de Abrisketa, y entre sus primeras tareas estuvo informar a la embajada de Estados Unidos.6

En 1945 Abrisketa pasó a la Oficina Interamericana de Estadística, y lo sustituyó el arquitecto alavés Andrés Perea Gallaga, que fue delegado hasta 1980.6 La delegación de Bogotá dependía de la de Caracas.6