La «aristocracia castellano-vasca»: comerciantes vascos en la élite chilena (siglo XVIII)
03 · 1 min de lecturaDel comercio al matrimonio
Lo que en Chile se llama «aristocracia castellano-vasca» fue una élite: comerciantes y funcionarios vascos del siglo XVIII que entraron por matrimonio en las familias criollas y dejaron, más que una comunidad, un apellido que daba categoría.
Llegaron en un momento propicio. En el siglo XVIII, la sociedad colonial chilena alcanzó una estabilidad desconocida hasta entonces: una nueva aristocracia terrateniente y comercial ocupó el lugar de la de los encomenderos y militares, y la inmigración española la iba renovando sin cesar.3
Una parte importante de esos recién llegados, según la Biblioteca Nacional de Chile, eran vascos, y se dedicaban preferentemente al comercio. Vivían con austeridad, mantenían sus lazos comerciales con España y reunieron fortunas, y todo eso les abrió las puertas de la clase alta, en la que entraron casándose con las familias criollas.3
Gobernadores, oidores y funcionarios
No todos venían a comerciar. Hubo también vascos en la administración del reino, y los historiadores Julene Salazar y Roberto Hernández citan, entre muchos otros, a los gobernadores Juan Andrés Uztáriz (1709-1718) y Agustín de Jáuregui (1773-1780), y al regente José de Rezabal, que fue gobernador interino en 1795-1796. Y en 1772, Domingo Eyzaguirre abrió como ensayador de la Casa de Moneda una dinastía familiar.1
Un nombre que carga un juicio
Ese peso fue real, pero el nombre con que se ha contado no es neutral. El término «aristocracia castellano-vasca» lo usó el historiador chileno Francisco Antonio Encina para contraponer esa élite, «imbuida en normas de ancestral austeridad», a otras clases a las que atribuía el derroche.4 La historiadora Ainara Madariaga advierte del racismo de esas afirmaciones y del imaginario que crearon, que duró mucho: tener apellido vasco siguió dando categoría social en Chile en los siglos XIX y XX.4