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País · América del Sur

Chile

Vascos en la historia de Chile

07 · 2 min de lectura

La huella vasca en la historia de Chile es, sobre todo, una huella de nombres: el de una frase que se atribuye a Unamuno, los de cuatrocientas calles de Santiago, los de varios presidentes, el de un jesuita que escribió desde el encierro y los de dos niños que cruzaron el océano en el Winnipeg.

«Los vascos han hecho dos cosas»

La frase se atribuye a Miguel de Unamuno y en Chile se repite a menudo: «Los vascos han hecho dos cosas: la Compañía de Jesús y Chile».4 Madariaga la recoge al estudiar qué significa ser vasco en Chile y cómo se ha construido esa imagen.

Cuatrocientas calles vascas en Santiago

El escritor Miguel Laborde se puso a contarlas en Vascos en Santiago de Chile (1991): más de cuatrocientas calles de la capital llevan nombres de personas, apellidos y lugares que remiten al País Vasco. Solo cinco llevan nombre de mujer.4

Manuel Lacunza, el jesuita que conmovió a la teología

Manuel Lacunza nació el 19 de julio de 1731, hijo de un vasco cuya familia tenía casa solariega en Irañeta (Navarra). Era jesuita, y cuando expulsaron a su orden pasó cinco años encerrado en el claustro de Imola. Allí escribió La venida del Mesías en gloria y majestad, una obra que se tradujo al latín y al italiano y levantó una intensa polémica en la teología de todo el mundo.1

Presidentes de apellido vasco

En el siglo XIX, recuerda Madariaga, Chile tuvo tres presidentes de apellido Errázuriz, y en el XX tuvieron ascendencia vasca Pedro Aguirre Cerda, Salvador Allende y Augusto Pinochet Ugarte.4 Salazar y Hernández van más atrás y dedican un capítulo al ancestro vasco, por línea materna, de Bernardo O’Higgins.14

Un coro vasco a bordo del Winnipeg

Ignacio Sagasti tenía cinco años cuando cruzó los Pirineos a pie con su madre y sus hermanos, huyendo de la guerra. Después vinieron un campo de concentración en Francia y el Winnipeg: «En el carbonero estuvimos dos mil y tantas personas».5 Julio Garrote tenía nueve, y de aquel barco recordaba que allí aprendió ajedrez y que había un coro, dirigido por el maestro Muguruza, que pasaba cantando.5

El delegado que se dio de baja de su partido

Pedro de Aretxabala llevaba treinta años afiliado al Partido Nacionalista Vasco cuando, en 1945, pidió la baja para que su militancia no empañara su papel de delegado del Gobierno Vasco.10 La baja no rompió su relación con el partido, que siguió siendo cordial.10