Los vascos de Madrid: de las sociedades vasco-navarras a la Euskal Etxea
04 · 6 min de lecturaLos vascos de Madrid tuvieron muchas casas a lo largo del siglo XX, y casi todas acabaron cerrando: sociedades de vida corta a finales del XIX, un Hogar Vasco que la guerra convirtió en cuartel, una hermandad religiosa creada cuando las autoridades no respondían a la petición de una asociación civil y, desde 1982, la sede de la calle Jovellanos. Por ellas pasaron los que llegaban a la capital a trabajar o a estudiar.
Sociedades vasco-navarras y frontones (1888-1910)
A finales del siglo XIX, además de las dos congregaciones, los vascos y navarros de Madrid intentaron varias veces tener una sociedad recreativa y cultural. Casi ninguna aguantó. Estíbaliz Ruiz de Azúa las siguió en los libros de registro del Gobierno Civil: el Círculo Vasco se disolvió en octubre de 1888, seis meses después de presentar sus reglamentos; Euskal-Erria (Centro Vasco-Navarro) vivió cuarenta días, entre diciembre de 1893 y enero de 1894, y la sociedad Laurak Bat, inaugurada el 3 de febrero de 1899 en la calle Carretas, se disolvió en mayo. La que más duró fue la Sociedad Vasco-Navarra (1900-1909), conocida por sus veladas literarias y musicales en la calle de la Cruz.3 En sus locales, en la noche del 25 de abril de 1903, se fundó el Athletic Club de Madrid: lo quisieron unos jóvenes vizcaínos que estudiaban en la Escuela de Minas y buscaban tener en la capital una sucursal del Athletic Club de Bilbao.3
Eran también los años de la pelota. Entre 1891 y 1899 se construyeron en el centro de Madrid cinco grandes frontones, el Jai Alai, Fiesta Alegre, Euskal Jai, Beti Jai y el Central. El Club de Sport Vasco, fundado en 1904 para jugar a pelota sin apuestas, tuvo su sede en el Jai Alai y en 1909 se trasladó al Beti Jai, abierto en mayo de 1894.3
De aquellos cinco, el Beti Jai, en la calle Marqués de Riscal, es el único que sigue en pie. Lo proyectó el arquitecto Joaquín Rucoba por encargo del promotor donostiarra José Arana, con una cancha de 67 metros y capacidad para 4.000 espectadores. Cerró definitivamente en 1919, y después fue taller mecánico, concesionario de motos y fábrica. La Comunidad de Madrid lo declaró Bien de Interés Cultural en 2011, el Ayuntamiento lo expropió en 2015 y desde el 28 de marzo de 2024 está abierto al público. Según el Ayuntamiento, es el último en pie de los treinta frontones monumentales que llegó a tener Madrid.9
El primer Hogar Vasco (1923-1940)
La casa que sí duró llegó en el siglo XX. En 1917 ya había en Madrid una Euzko-Etxea, y en 1923 se fundó el Hogar Vasco, con locales en la Carrera de San Jerónimo, 38. En 1927 lo presidía Bonifacio de Echegaray, de la Sociedad de Estudios Vascos, cuya delegación en Madrid se reunía allí, y con él el Hogar montó un servicio para ayudar a los ayuntamientos vascos en sus gestiones en la capital.2 Era, sobre todo, una casa de hombres: una lista de socios de sus primeros tiempos reúne 672 nombres, de los que como mucho nueve eran mujeres.2
Jesús de Galíndez escribió que la inmensa mayoría de los vascos que se habían trasladado a Madrid por trabajo eran socios del Hogar. Tenía frontón y jardín, bailes mensuales y festivales con txistu, y desde 1925 un orfeón, dirigido por el maestro Busca de Sagastizábal, que cantó en el Circo Price y en el Palacio de la Música y puso en escena la ópera Maitena en el Teatro de la Zarzuela ante los reyes. En 1932 empezaron las clases de euskera, y en 1933 se formó un cuadro artístico.2
La Guerra Civil lo convirtió en otra cosa. Muchos estudiantes y reclutas vascos a los que el estallido sorprendió en Madrid acabaron reuniéndose allí, y las Milicias Vascas se incautaron del edificio e instalaron en él su cuartel: en el frontón formaban las compañías que salían cada semana a relevar a los milicianos del frente. Más de cien familias vascas evacuadas de las zonas de peligro se alojaron en el Refugio Vasco de la calle Serrano. Acabada la guerra, el Hogar fue devuelto a sus socios, pero cerró a comienzos de los años cuarenta.2
La misa en euskera y la Hermandad de San Miguel de Aralar (1965-1982)
Después de la guerra Madrid se quedó sin casa vasca, y lo que volvió a juntar a la gente fue una misa. A mediados de los años sesenta, un grupo de estudiantes vascos empezó a reunirse para celebrarla en euskera, primero en el Colegio Mayor Guadalupe y en la capilla de un colegio religioso y, desde finales de 1969, en el Colegio Mayor Pío XII. La oficiaron sucesivamente varios sacerdotes vascos, algunos de ellos en Madrid para estudiar, y al grupo se fueron sumando familias que se habían trasladado por trabajo. En 1967 se fundó también la sociedad gastronómica Txoko Zar.2
De ese grupo, impulsado por Pedro Aramburu, salió la idea de una asociación. Pidieron permiso para crear una asociación civil, la Euskal Etxea de Madrid, y las autoridades no respondieron. En 1972 el arzobispado les aconsejó otro camino, una hermandad religiosa, y así nació la Hermandad de San Miguel de Aralar, con estatutos de 1973 abiertos a los naturales y originarios de Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya que vivieran en Madrid. Obtuvo la aprobación eclesiástica definitiva en diciembre de 1974 y se registró en la Dirección General de Seguridad en marzo de 1975.2 En 1976 surgió la posibilidad de un local en la calle de Hileras, 17. Para pagarlo, la Hermandad obtuvo de la Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa un préstamo de un millón de pesetas, y siete personas lo avalaron personalmente. Desde octubre de 1977 usó el nombre de Hermandad de San Miguel de Aralar-Euskal Etxea.2
El nuevo Hogar Vasco y la sede de Jovellanos (1979-1982)
Mientras tanto, los directivos de la Hermandad preparaban el centro vasco civil que habían pedido sin respuesta. El Hogar Vasco de Madrid-Euskal Etxea quedó constituido el 5 de febrero de 1979, y el 14 de marzo el Gobierno Civil de Madrid reconoció la entidad e inscribió sus estatutos. Entre sus fines estaban dar a conocer el País Vasco en Madrid, fomentar el euskera y la cultura vasca y orientar y ayudar a los vascos que llegaran a Madrid por trabajo o estudios.2 Durante tres años convivió con la Hermandad. A petición de esta, las Cajas de Ahorro Vascas compraron el edificio de la calle Jovellanos, 3, para cederlo como sede, y el 26 de julio de 1982 la Hermandad acordó disolverse y que sus socios pasaran al Hogar Vasco.2 En 1996 la asociación cambió su nombre por el de Euskal Etxea-Hogar Vasco de Madrid, y la fórmula «originarios de las provincias vascas» de sus estatutos por la de «vascos y originarios de Euskal Herria».2
La sede se inauguró el 1 de octubre de 1982 con el lehendakari Carlos Garaikoetxea, el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván y el presidente de la Euskal Etxea, Jon Goitia. Esa noche el Orfeón Donostiarra cantó en el Teatro de la Zarzuela.2 En mayo de 1982 había 650 socios y el plan era llegar a 2.000 a final de año; terminó 1982 con 2.600. Fueron 3.073 en 1985, 3.247 en 1991 y 2.819 en 1999.2 El registro de centros le atribuye hoy 2.134 socios.1