Vascos en la historia de México
07 · 3 min de lecturaLa historia de México tiene vascos en lugares muy distintos: un obispo que implantó la primera imprenta de América, un sobrino de uno de los fundadores de Zacatecas que conquistó Nueva Vizcaya y constituyó Durango, un hacendado de Balmaseda en cuyo ingenio se produjo una matanza en 1856 y un periodista que sostuvo solo la revista del exilio hasta 1973.
Fray Juan de Zumárraga, el primer obispo
Juan de Zumárraga (Durango, Bizkaia, 1476-1548) fue el primer obispo y arzobispo de México, y su obra fue también de libros y de escuelas. Según Auñamendi, implantó la primera imprenta de América e impulsó el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco para educar a los indígenas.1
Francisco de Ibarra, el fundador de Durango
Francisco de Ibarra, nacido en Eibar, tenía familia con nombre en la Nueva España: era sobrino de Diego de Ibarra, uno de los fundadores de Zacatecas. En 1562 fue nombrado adelantado y capitán general de Nueva Vizcaya, que abarcaba los actuales Durango y Chihuahua, y al año siguiente emprendió su conquista. En 1563 encargó al capitán Pacheco la fundación de una villa: Pacheco la llamó Guadiana, e Ibarra la constituyó como Durango, con catorce primeros pobladores. También el escudo miraba a Bizkaia: Nueva Vizcaya adoptó el del Señorío de Vizcaya. Ibarra murió en Chiametla en 1575.2
Pío Bermejillo y la matanza de San Vicente (1856)
A mediados del siglo XIX, en la tierra caliente de Morelos y Guerrero, quien mandaba en las haciendas azucareras solía ser español: la mayoría de los administradores y capataces lo eran, y en especial vascos y navarros. Según Ruiz de Gordejuela, la arrogancia de los españoles con los trabajadores indígenas convirtió la zona en escenario de violencia por las dos partes.3
Pío Bermejillo, de Balmaseda, entró en ese mundo en 1851, cuando compró las haciendas de San Vicente, Dolores y Chiconcuac por 450.000 pesos. Invirtió en maquinaria y buscó un uso más intensivo de la tierra, y los peones que vivían en las fincas perdieron su acceso tradicional a ella. En esas propiedades se intentaban imponer métodos tan duros como los de las plantaciones de las Antillas: el vizcaíno José María Aguirre llegó a golpear a dos jóvenes y a ponerlos en el cepo, encerrados y sin comida, hasta que un juez ordenó liberarlos.3
En diciembre de 1856 la violencia llegó a San Vicente. Según la versión española, una treintena de asaltantes entró en el ingenio buscando a los españoles y mató a varios empleados, entre ellos a Juan Bermejillo, sobrino del dueño, de quince años. Nicolás Bermejillo, hermano del propietario, ofreció 40.000 pesos por sus vidas, y el cabecilla respondió que no venía a robar, sino a «matar gachupines». Fue, según Ruiz de Gordejuela, la mayor matanza de españoles en México en lo que iba de siglo. Pero la defensa de uno de los acusados sostuvo después que Bermejillo y su empleado Víctor Allende habían organizado antes una expedición de castigo contra el pueblo de Hornos, con una matanza de vecinos.3
Antonio Ruiz de Azua, el periodista de Euzko Deya
Antonio Ruiz de Azua Zabalbeaskoa, Ogoñope, fue quien sostuvo Euzko Deya hasta el final. Había sido su jefe de redacción y, desde 1946, su codirector. Cuando Jesús de Garritz lo dejó en 1957, siguió él solo como editor, y la revista aguantó hasta marzo de 1973, poco antes de su muerte.4 Auñamendi lo presenta como su fundador.1