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País · América del Sur

Argentina

Cuándo llegaron los vascos a Argentina

02 · 2 min de lectura

Argentina fue el primer destino de la emigración vasca, y hoy es el país con más centros vascos del mundo: setenta y ocho, repartidos de punta a punta del territorio. Esa comunidad no se formó de golpe, sino por capas que se fueron posando unas sobre otras: los vascos sueltos que comerciaban o ocupaban cargos en la colonia, la gran oleada que la política inmigratoria argentina canalizó entre 1876 y 1930, y los que llegaron después de la Guerra Civil. Hoy la sostiene una federación con centros en todo el país, miles de socios y una generación joven que ya ha tomado el relevo.

La primera de esas capas es casi tan antigua como la propia ciudad de Buenos Aires, que Juan de Garay, de origen vasco, refundó en 1580. A lo largo de todo el periodo colonial hubo vascos en el comercio y en la administración, pero eran nombres aislados en una sociedad que no era la suya: nadie los reunía, no tenían una casa común, y así siguió siendo hasta bien entrado el siglo XIX.

Los historiadores argentinos distinguen, a partir de ahí, tres momentos: la inmigración colonial, que llega hasta la Organización Nacional; la que llaman «inmigración institucional», de 1876 a 1930, la que el propio Estado argentino salió a buscar; y la que trajo la Guerra Civil española.1

Fue en la segunda cuando llegaron los más, y muchos de ellos no vivieron la frontera como una frontera. Para el vasco que trabajaba en el Río de la Plata, las dos orillas eran casi un mismo país: hasta bien entrado el siglo XX, el límite entre Argentina y Uruguay, y en cierta medida también el de Rio Grande do Sul, no le cerraba el paso ni le pesaba en el ánimo. En el último tercio del XIX todavía era corriente cruzar el río Uruguay de una orilla a otra, y volver, según dónde hubiera trabajo y dónde pagaran mejor. Esos ires y venires casi no dejaron huella en los registros portuarios argentinos, que apenas anotaban a quien llegaba desde un país vecino, y menos aún desde Uruguay.2 De ahí que las cifras por país sean porosas: el mismo emigrante pudo quedar contado en dos sitios, o en ninguno.