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País · América del Sur

Argentina

Los exiliados de la Guerra Civil en Argentina (1936-1939)

05 · 2 min de lectura

El exilio que trajo la Guerra Civil tuvo en Argentina uno de sus destinos centrales, y el Gobierno Vasco lo organizó desde allí: con una delegación y un periódico, con comités de acogida, con organizaciones de mujeres y con curas que ayudaban al que acababa de llegar. De aquellos años salió también un centro vasco nuevo, el de Tandil.

La delegación del Gobierno Vasco en Buenos Aires empezó a trabajar en noviembre de 1938 y llegaría a tener peso en todo el espacio sudamericano. Se propuso dos cosas, y las dejó dichas: reivindicar la imagen del País Vasco en el Río de la Plata, frente a la propaganda de los sublevados, y estimular las políticas de acogida de los exiliados que buscaban refugio en Argentina.10 Para reforzarla se envió a Pedro de Basaldúa.11

La delegación tuvo también su voz impresa. Su órgano de prensa, Euzko Deya, llevó al papel lo que el Gobierno Vasco venía defendiendo fuera desde 1936: la vinculación con la presidencia de Aguirre y su propósito de conducir políticamente a la diáspora, la concienciación sobre Euskadi y el rechazo a la dictadura, el vínculo con las comunidades emigradas, a las que quería dotar de sentimiento identitario, y el auxilio a los exiliados, en especial a los que estaban en Francia.12

Al que llegaba lo esperaba, además, una estructura de acogida propia: la Liga de los Amigos de los Vascos y el Comité Pro-Inmigración Vasca organizaron campañas colectivas.13

Una parte de esa ayuda la movieron mujeres, y es la que menos se ha contado. Las Emakume Abertzale Batza (EAB), organizaciones femeninas nacionalistas nacidas en Euzkadi durante la guerra, tuvieron réplica en Buenos Aires (agosto de 1938), Rosario y Santiago de Chile (octubre de 1939). Las de Rosario se dedicaron sobre todo a recaudar dinero para los exiliados vascos que pasaban apuros económicos, y las sostenía una burguesía media de comerciantes: almacenes, restaurantes, despensas, queserías, florerías, tiendas de ropa. Llegaron a un grado de institucionalización excepcional dentro del universo femenino español radicado en Argentina, con comisiones directivas rotativas, sello propio, y balances y memorias periódicos. Hasta entonces no había entidades de mujeres equiparables en lo formal a las que fundaban los emigrantes, dominadas por varones.14

La otra vía fue el clero. Religiosos vascos purgados por «nacionalistas» después de la guerra acabaron destinados al colegio Euskal Echea de Llavallol, y desde allí ayudaron a los exiliados recién llegados, que entraban en el país con un estigma fabricado por la propaganda franquista: el de católicos traidores colaboradores del comunismo.6 Y de una fiesta vasca celebrada en Tandil en marzo de 1940 salió el centro vasco de esa localidad.6