Por qué eligieron Argentina: leyes de inmigración y billetes pagados por la familia
03 · 4 min de lecturaArgentina no se encontró a los vascos por casualidad: los buscó, y lo hizo por ley.
La Ley 817 de Inmigración y Colonización se promulgó en 1876, bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, después de un debate que ocupó dos periodos parlamentarios. El país atravesaba la crisis económica de 1873-76 y competía con sus vecinos, Brasil sobre todo, por atraer inmigrantes. La ley tenía que ayudar a salir de lo uno y a ganar lo otro, y acabó siendo uno de los pilares de la modernización argentina.3
Lo que ofrecía a las familias dispuestas a instalarse como agricultores en las colonias era mucho: el Estado les adelantaba el pasaje del barco, les daba tierra gratis o se la vendía a largo plazo, las llevaba sin coste desde el puerto hasta su destino y les adelantaba, durante el primer año, los víveres, las semillas, las herramientas y los animales de labor y de cría.3
Y sin embargo, aquella ley no se había escrito pensando en ellos. El artículo 76 mandaba fomentar sobre todo la llegada de inmigrantes del norte de Europa, y para eso subvencionaba determinadas líneas de vapores. Tampoco se cumplió como estaba escrita: se aplicó despacio, a medias, con poca eficacia, porque al Estado le faltaban recursos y porque la emigración seguía sus propios caminos, al margen de los despachos. Solo durante la presidencia de Juárez Celman (1886-1890), con agentes instalados en Europa y pasajes subvencionados, llegó el Estado a mover de verdad el flujo, y la crisis de 1890-92 puso fin a ese impulso.3
El que desembarcaba en Buenos Aires, de todos modos, no llegaba al vacío. Desde 1854 funcionaba la Asociación Filantrópica de Inmigración, que había creado la legislatura porteña y pagaba la provincia: junto al puerto tenía un asilo donde los recién llegados dormían y comían gratis durante sus primeros ocho días en el país, y en Europa repartía folletos que presentaban Argentina como tierra de inmigración. Detrás estaban algunos de los mayores propietarios y empresarios rurales de la época (Olivera, Gowland, Pereyra, Martínez de Hoz, Armstrong, Casares), que necesitaban brazos hechos a las nuevas formas de trabajar el campo.3
Pero lo que probablemente pesó más no salió de ningún ministerio, sino de las propias familias. A partir de la década de 1880, cuando los barcos acortaron el viaje y lo hicieron más regular, se extendió el sistema de los «pasajes de llamada»: el que ya se había asentado pagaba el billete al hermano, al primo, al sobrino que esperaba al otro lado del océano. Un cálculo de 1893 estimaba en más de veinte mil los pasajes comprados así ese año, la cuarta parte de todas las entradas, y la proporción real tuvo que ser mayor, porque un solo pasaje de llamada podía traer a varios miembros de una misma familia.4
Se venía a Argentina, en buena medida, porque alguien de la familia ya estaba aquí y había pagado el billete. Esa cadena explica la concentración vasca mejor que cualquier política oficial.
En qué trabajaban y cómo prosperaron
Los padrones permiten verlos de cerca. En 1869, en Chascomús, tierra lanar entre 1845 y 1875, se censaron 960 vascos: 18 hacendados, 80 pastores, 57 comerciantes y 33 carreros. En Tandil quedaron registrados 264.27
Sus oficios dibujan tres mundos. El del campo, donde hacía falta saber: pastores, lecheros, tamberos, alambradores, poceros, troperos. El de los pueblos y sus orillas, con panaderos, zapateros, carpinteros, herreros, comerciantes, carniceros y horneros. Y el de los caminos, el del transporte, donde destacaban los carreros.27 En Barracas, al Norte y al Sur, trabajaban en los saladeros y en el puerto.
La mayoría había cruzado el océano con entre quince y veinticinco años, y muchos llegaron lejos. De once vascos a los que se ha seguido la pista en Chascomús entre 1869 y 1895, ocho terminaron siendo propietarios; en Tandil, el recorrido va de peón o dependiente a chacarero, a ganadero y, al final, a hacendado. El comercio fue otra «vía de ascenso importante… aunque más gradual y lenta que la experimentada por los pastores».27
Habían salido, según ese mismo material, de los Bajos Pirineos franceses (Iparralde y su entorno), de Navarra, de Gipuzkoa y de Bizkaia.27