Cuándo llegaron los vascos a Uruguay
02 · 2 min de lecturaUruguay recibió una emigración vasca enorme para su tamaño: en 1999, sus ocho centros reconocidos reunían el 11,8 % de todos los socios de los centros vascos del mundo. No la hicieron los fundadores ilustres de Montevideo, sino lo que dos historiadores locales llaman «una multitud anónima», que llegó en dos tiempos, antes y después de la independencia, y desde los dos lados del Pirineo. Esa doble procedencia marcó desde el principio cómo se organizaron. La comunidad de hoy, once entidades en ocho ciudades, la fundaron ya descendientes, no emigrantes.
Los nombres ilustres, con todo, están en el origen mismo de la ciudad. Montevideo la fundó un vizcaíno, Bruno Mauricio de Zabala; su primer gobernador, José Joaquín de Viana, era alavés; y en sus primeros años la figura económica fue otro vizcaíno, el armador Francisco de Alzaíbar.1
Pero la huella que quedó no es la de esos nombres. Los historiadores Martha Marenales Rossi y Juan Carlos Luzuriaga lo resumen así: fue «una multitud anónima» la que decidió quedarse. Llegó en dos grandes etapas, y las dos cambiaron la sociedad uruguaya. La primera, en el periodo colonial, duró treinta años, de 1780 a 1810. La segunda, ya en la república independiente, duró el doble: sesenta años, de 1830 a 1890.1
La segunda fue la decisiva. Uruguay se independizó en 1830, y durante las seis décadas siguientes fueron llegando vascos de los dos lados de los Pirineos: al principio, sobre todo, del País Vasco francés; después, en número creciente, de Bizkaia, Gipuzkoa, Álava y Navarra. Venir de un lado o del otro no era indiferente, y ya en el siglo XIX los vascos de Montevideo discutieron si debían reunirse todos en una misma sociedad o cada cual con los suyos, una discusión que recorre la historia de cómo se organizaron.5