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País · América del Norte

Estados Unidos

Pastores, pensiones y sociedades de socorro

03 · 4 min de lectura

Este capítulo cuenta la vida que los vascos se hicieron en Estados Unidos una vez llegados: el oficio con el que se los identificó, las casas donde se alojaban y las sociedades que fundaron para ayudarse cuando alguien enfermaba o moría. De esas pensiones y de esas sociedades salieron las primeras formas de vida en común de la colectividad.

El pastor vasco: un oficio y un tópico

El pastoreo permitía prosperar, y los recién llegados lo sabían: preferían cobrar en ovejas, para llegar a tener algún día su propio rebaño. Según Auñamendi, en los años veinte muchos eran ya propietarios de ganado y tierra, con más de 40.000 cabezas cada uno. El mismo oficio les trajo también el desprecio: se los llamaba vagabundos, nómadas y hasta «vasco negro sucio».1

Que el pastor del Oeste acabara siendo sinónimo de vasco se explica de dos maneras, y las dos apuntan en direcciones opuestas. La primera es la experiencia. Auñamendi recuerda que vascos e irlandeses ya trabajaban como pastores en la pampa argentina en 1830-1840, y que algunos pioneros del Oeste, como Pedro de Altube, llegaron desde allí.1

La segunda es el mito. La investigadora Mariel Aquino sostiene que la mayoría de los vascos que emigraron a Estados Unidos nunca habían cuidado ovejas, y que es dudoso que alguno conociera el pastoreo en campo abierto que se practicaba en el Oeste. Para ella, los ganaderos no preferían a los vascos por su pericia, sino por los relatos sobre su origen antiquísimo, que los presentaban como los aborígenes puros de Europa y con el pastoreo en la sangre.9

Las pensiones: hoteles vascos en San Francisco, Boise y Nueva York

Pastor o no, el que llegaba necesitaba un techo, y lo encontraba en una pensión. Las pensiones u hoteles vascos (ostatuak) alojaban a los recién llegados y fueron el primer centro social de la colectividad, el sitio donde se reunía, hasta que los clubes tomaron ese papel.7

En San Francisco, al hotel que Juan Miguel Aguirre abrió hacia 1866 le siguieron otros, y antes del terremoto de 1906 ya funcionaban, entre ellos, el Hotel de France, el Europa y el Hotel des Pyrenees. Algunos llegaron mucho más tarde: el Obrero Hotel abrió en 1943 y duró hasta 1993. Para entonces la colectividad del área de la bahía ya tenía centro propio, y lo había levantado en 1982 no en el centro de la ciudad, sino en South San Francisco.7

En Boise, la casa Cyrus Jacobs-Uberuaga, construida en 1864, se convirtió en pensión vasca en 1910 y acogió inmigrantes hasta 1969; hoy forma parte del museo vasco. En la misma manzana, el edificio Anduiza (1914) tenía un frontón cubierto.1813 Y no era solo la capital: en las primeras décadas del siglo XX, las pensiones de los pueblos del sur de Idaho estaban llenas de pastores vascos.3

Nueva York era un lugar de paso. Muchos vascos que iban al Oeste, o volvían de él, pasaban por la ciudad, y para ellos abrió Valentín Aguirre en 1910 el Santa Lucia Hotel, en Cherry Street. En 1919 había en esa misma calle al menos cuatro pensiones vascas.5

Ayudarse entre vascos: Boise en 1908 y Nueva York en 1913

La pensión daba cama y comida, pero cuando un huésped enfermaba, quedaba inválido o moría sin poder pagar, la cuenta solía recaer en el dueño. Fueron varios dueños de pensiones de Boise los que crearon en 1908 la Sociedad de Socorros Mutuos. Los socios pagaban una cuota y a cambio la sociedad cubría urgencias médicas, invalidez y entierros. Estaba abierta a todos los varones españoles y vascos, y tras la gripe de 1918 se apuntaron muchos más.65

Cinco años después, en Nueva York, trece vascos, entre ellos Valentín Aguirre, registraron el Centro Vasco-Americano, Sociedad de Beneficencia y Recreo. Les ayudaron amigos italianos, entre ellos un joven abogado, Fiorello La Guardia, que después sería alcalde de la ciudad. Solo podían ser socios los hombres nacidos en las provincias vascas y sus hijos. En 1924 tenía trescientos socios activos, y en 1928 estrenó edificio propio en el número 48 de Cherry Street, la calle de las pensiones, con frontón cubierto, bar y restaurante. Cuando derribaron los edificios de la calle pasó por varias sedes, hasta que en 1973 compró un edificio en Eckford Street, en Brooklyn. En 1980 cambió su nombre por el de Euzko Etxea.5

Las dos sociedades pudieron conocerse. Gloria Totoricagüena considera plausible que se influyeran a través de los vascos que se alojaban en las pensiones de Nueva York camino del Oeste o de vuelta a casa, pero advierte que no hay documentos que lo prueben.5